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Collserola, el pulmón metropolitano puesto a prueba


Img Collserola, el pulmón metropolitano puesto a prueba
Nagore Mínguez del Valle
22 Agosto 2026
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Este verano de incendios por todo el país, muchas de las personas que habitualmente recorren los caminos de Collserola se han encontrado con una situación poco habitual. El acceso al medio natural del parque ha continuado restringido por las medidas adoptadas para contener la propagación de la peste porcina africana. Con los años, Collserola se ha convertido en parte de la vida cotidiana de muchas personas del área metropolitana. Por eso, las restricciones actuales han sorprendido a muchos de sus usuarios habituales.

Pero más allá de la situación excepcional provocada por esta emergencia sanitaria, el momento actual también invita a reflexionar sobre el papel que desempeña la sierra en un territorio tan urbanizado como es el Baix Llobregat. Además, coincide con el decimoquinto aniversario de la declaración de Collserola como parque natural. Esto ofrece una oportunidad para mirar atrás, valorar el camino recorrido y, sobre todo, analizar los retos que deberá afrontar en los próximos años.
Cierre del acceso al medio natural del Parque Natural de la Sierra de Collserola por las medidas de control de la peste porcina africana. Fuente: Consorcio del Parque Natural de la Sierra de Collserola
Cierre del acceso al medio natural del Parque Natural de la Sierra de Collserola por las medidas de control de la peste porcina africana. Fuente: Consorcio del Parque Natural de la Sierra de Collserola

Una montaña en medio de la metrópoli

Collserola es una realidad difícil de encontrar en otras grandes áreas urbanas europeas. Situada en el centro de una de las zonas más pobladas del país, la sierra actúa como una gran infraestructura verde que conecta naturaleza y ciudad. Es el pulmón metropolitano. Más de tres millones de personas viven en su entorno y cada año recibe millones de visitas, una cifra que evidencia que forma parte de la vida cotidiana de la ciudadanía metropolitana.

Para el Baix Llobregat, esta relación es especialmente intensa. Municipios como Molins de Rei, Sant Feliu de Llobregat, Sant Just Desvern o Esplugues conviven diariamente con la sierra, que se convierte en un espacio de paseo, actividad física, educación ambiental y contacto con la naturaleza a pocos minutos de casa.

La proximidad es precisamente uno de los grandes valores de Collserola. Disponer de un espacio natural de estas dimensiones es un privilegio, pero también una responsabilidad. La misma facilidad de acceso que acerca a la ciudadanía a la naturaleza genera una presión constante sobre los ecosistemas, los caminos y la fauna.
Xavi Paz, vicepresidente ejecutivo del Consorcio; Jaume Collboni, presidente saliente, y Xesco Gomar, nuevo presidente del organismo, durante el acto de balance de los quince años del Parque Natural de la Sierra de Collserola
Xavi Paz, vicepresidente ejecutivo del Consorcio; Jaume Collboni, presidente saliente, y Xesco Gomar, nuevo presidente del organismo, durante el acto de balance de los quince años del Parque Natural de la Sierra de Collserola

Quince años de parque natural

La declaración de Collserola como parque natural marcó un antes y un después en la protección de la sierra. Aunque su preservación venía de décadas atrás, aquel reconocimiento consolidó jurídicamente un espacio que la ciudadanía ya percibía como un parque natural mucho antes de que lo fuera oficialmente. El paso de parque natural “de hecho” a parque natural “de derecho” fue el resultado de años de reivindicaciones y de un amplio consenso social e institucional.

Durante estos quince años, la gestión compartida entre las diferentes administraciones ha permitido reforzar la protección de la sierra y adaptarla a nuevos retos. En este proceso, el Área Metropolitana de Barcelona ha desempeñado un papel destacado, tanto en la financiación como en la planificación y coordinación de actuaciones destinadas a preservar un espacio que hoy se considera una pieza fundamental de la infraestructura verde metropolitana.

El aniversario también ha coincidido con el relevo en la presidencia del Consorcio del Parque Natural de la Sierra de Collserola. Durante el acto conmemorativo, Jaume Collboni cedió el relevo a Xesco Gomar al frente del organismo, en una jornada en la que también participó el vicepresidente ejecutivo del Consorcio, Xavi Paz. En el marco de este balance, Gomar reivindicó Collserola como “una pieza clave de la infraestructura verde metropolitana para la salud, la adaptación climática y el bienestar colectivo”, y defendió la necesidad de seguir reforzando su protección y gestión de cara a los próximos años.

Pero estos quince años no solo han servido para proteger el territorio. También han puesto de manifiesto la complejidad de gestionar una montaña rodeada de ciudades, con más de tres millones de personas viviendo en su entorno y una cantidad de visitantes que supera los cinco millones anuales.

Quince años después, Collserola continúa siendo mucho más que un parque natural. Es un espacio que conecta naturaleza y ciudad, una reserva ambiental esencial para el área metropolitana y un ejemplo de cómo la protección del territorio debe adaptarse constantemente a nuevos desafíos sociales, ambientales y climáticos.
Excursionistas disfrutando del uso público de Collserola. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona
Excursionistas disfrutando del uso público de Collserola. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona

El difícil equilibrio entre naturaleza y uso público

La singularidad de Collserola es también una de sus principales complejidades. Se trata de un espacio natural rodeado de ciudades, infraestructuras y grandes vías de comunicación, sometido a una presión humana muy superior a la que soportan otros parques naturales del país.

Los responsables de su gestión han identificado en los últimos años diversos retos. Por una parte, la necesidad de adaptar la sierra a los efectos de la emergencia climática, especialmente ante el aumento de las sequías, las olas de calor y el riesgo de incendios forestales. Por otra, la compatibilidad entre la conservación de los valores naturales y el uso social de un espacio visitado por millones de personas.

Esta realidad obliga a poner en marcha actuaciones constantes de gestión forestal, mantenimiento de caminos, recuperación de espacios degradados y prevención de incendios. También se han impulsado acciones para mantener los espacios agrícolas y forestales, apoyar la actividad agraria y proteger la biodiversidad. Estas medidas ayudan a la sierra a adaptarse mejor a los efectos del cambio climático.

Otro factor que muchas veces pasa desapercibido es que más del 60% de la superficie del parque es de titularidad privada. Esta circunstancia obliga a desarrollar modelos de gestión compartida y coordinada entre administraciones, propietarios y entidades del territorio.
Mapa de las zonas afectadas por las medidas de bioseguridad derivadas de la peste porcina africana en el entorno de Collserola. Fuente: Consorcio del Parque Natural de la Sierra de Collserola
Mapa de las zonas afectadas por las medidas de bioseguridad derivadas de la peste porcina africana en el entorno de Collserola. Fuente: Consorcio del Parque Natural de la Sierra de Collserola

La peste porcina obliga a cambiar la relación con la sierra

La irrupción de la peste porcina africana ha añadido una nueva preocupación a esta lista de retos.

Tras la detección de jabalíes afectados por el virus, la Generalitat activó medidas excepcionales de control, prevención y bioseguridad que han comportado el cierre del acceso al medio natural de Collserola. La restricción afecta a los espacios forestales, caminos y pistas no pavimentadas, mientras que se mantiene el acceso a viviendas, equipamientos, actividades económicas, estaciones de transporte público y carreteras asfaltadas.

La decisión tiene como objetivo reducir la movilidad dentro del parque y facilitar las actuaciones de control sobre la población de jabalí para evitar la propagación del virus. También se han anulado actividades organizadas, se han cerrado equipamientos de educación ambiental y se han reforzado las campañas informativas y las tareas de coordinación entre administraciones.

La situación es especialmente relevante porque Collserola es uno de los espacios naturales más frecuentados del área metropolitana. Por primera vez en muchos años, miles de personas han visto limitado el acceso a un espacio que forma parte de sus hábitos semanales.
Rebaño “contratado” por las instituciones para realizar prevención pasiva contra los incendios forestales en Collserola
Rebaño “contratado” por las instituciones para realizar prevención pasiva contra los incendios forestales en Collserola

Más allá de la emergencia sanitaria

Las restricciones actuales representan hasta qué punto los ecosistemas metropolitanos son vulnerables a fenómenos que antes parecían muy lejanos.

La peste porcina africana no afecta a las personas, pero sí representa una amenaza importante para las poblaciones de cerdos y jabalíes. Su aparición ha obligado a desplegar medidas extraordinarias que impactan no solo sobre la fauna, sino también sobre las actividades recreativas, educativas y económicas vinculadas al parque.

Al mismo tiempo, la crisis ha abierto nuevos debates sobre la relación entre las ciudades y los espacios naturales. La gestión de los grandes espacios naturales metropolitanos debe afrontar retos cada vez más importantes, como el aumento de la población de jabalíes, la fragmentación de los hábitats, la proximidad entre la fauna salvaje y las zonas urbanas y los efectos del cambio climático.

Un espacio imprescindible para el futuro del territorio

Más allá de la situación excepcional de este verano, Collserola continúa siendo una pieza esencial para el equilibrio ambiental del área metropolitana. La sierra contribuye a regular la temperatura, mejorar la calidad del aire, preservar la biodiversidad y ofrecer espacios de contacto con la naturaleza a millones de personas.

De cara al futuro, la sierra deberá afrontar diversos retos, como obtener más financiación, reforzar la conexión con otros espacios naturales y adaptarse a los cambios provocados por el clima.

Quince años después de su declaración como parque natural, Collserola continúa demostrando que proteger la naturaleza en un entorno metropolitano es una tarea compleja y permanente, pero completamente esencial. La crisis provocada por la peste porcina africana es solo un ejemplo más. Pero también recuerda que la salud de los espacios naturales y la calidad de vida de las ciudades están mucho más conectadas de lo que parece.

Un verano bajo vigilancia ante el riesgo de incendios

Las abundantes lluvias de los meses previos al verano han favorecido el crecimiento de la vegetación, pero la llegada repentina de temperaturas extremas vuelve a situar la prevención de incendios entre las principales prioridades de Collserola.

La imagen de los bosques verdes después de un periodo de lluvias abundantes puede transmitir una sensación de tranquilidad. Pero los expertos recuerdan que esta situación también comporta riesgos. La vegetación que ha crecido gracias al agua se convierte, cuando llegan las altas temperaturas y la falta de precipitaciones, en una gran cantidad de combustible disponible para un posible incendio.

Este escenario cobra especial relevancia después de unos meses marcados por registros de calor excepcionales y por la llegada anticipada de episodios propios de pleno verano. La combinación de temperaturas elevadas, humedades bajas y grandes masas forestales continuas obliga a las administraciones a reforzar las medidas preventivas antes de que aparezca el fuego.

En este contexto, la prevención se ha convertido en una de las principales líneas de trabajo del Área Metropolitana de Barcelona y del Consorcio del Parque Natural de la Sierra de Collserola. Durante los últimos años se han impulsado actuaciones de gestión forestal en centenares de hectáreas, con la creación y mantenimiento de franjas de protección, clareos forestales y trabajos destinados a reducir la carga de combustible de los bosques.

Una de las herramientas que ha ganado protagonismo es la silvopastura. Los rebaños de ovejas y cabras contribuyen de manera natural a controlar el sotobosque y a generar espacios abiertos que pueden dificultar la propagación de un gran incendio. Esta práctica, cada vez más presente en Collserola, también ayuda a conservar el mosaico agroforestal y a mantener la biodiversidad del territorio.

La prevención, sin embargo, va mucho más allá de los rebaños. El dispositivo metropolitano incluye el mantenimiento de caminos forestales, puntos de agua para helicópteros, señalización de emergencia, supervisión de líneas eléctricas y vigilancia activa durante los meses de mayor riesgo. El objetivo es reducir al máximo el tiempo de respuesta ante cualquier columna de humo y evitar que un pequeño foco se convierta en un gran incendio forestal.

Al fin y al cabo, la principal lección de los últimos años es que los incendios no se combaten únicamente en verano. El trabajo real comienza meses antes, durante el otoño, el invierno y la primavera, cuando se prepara el territorio para que sea más resiliente ante unas condiciones climáticas cada vez más extremas. En un área metropolitana con millones de personas viviendo alrededor de los espacios naturales, proteger los bosques también es una manera de proteger el territorio y la calidad de vida de la ciudadanía.

500 hectáreas gestionadas para reducir el riesgo de incendio
  • Actuaciones forestales en cerca de 500 hectáreas de Collserola
  • Más de 1.100 hectáreas gestionadas mediante pastoreo de rebaños
  • Mantenimiento de caminos, hidrantes y puntos de agua
  • Vigilancia activa durante los meses de máximo riesgo
  • Estrategias adaptadas a un contexto de cambio climático y episodios de calor cada vez más intensos

Más información: https://www.nextllobregat.cat/es/noticia/amb-inicia-en-torrelles-las-franjas-forestales-para-proteger-las-viviendas-ante-los-incendios/infraestructures
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