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Cayetano Belmonte, ex sindicalista y presidente de la Asociación de las Personas Mayores de Viladecans: “Queremos visibilidad en las instituciones y dejar de ser invisibles”


Img Cayetano Belmonte, ex sindicalista y presidente de la Asociación de las Personas Mayores de Viladecans: “Queremos visibilidad en las instituciones y dejar de ser invisibles”
Jordi Vizuete Valls
17 Enero 2026
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Cayetano Belmonte en la época de los 70
Cayetano Belmonte en la época de los 70

Una generación luchadora

El suyo es un relato de generaciones que tuvieron que luchar, literalmente, para poder reunirse. "Con Franco no había libertades, ninguna. No podías ni reunirte", recuerda. Lo dice con la serenidad de alguien que lo vivió. Explica cómo, en los bloques de Bellvitge, organizaban asambleas vecinales clandestinas y cómo la policía les apaleaba cuando se oponían a la especulación urbanística. "Lo que hoy hay en los barrios se ha logrado con sudor y sangre", sentencia. Por eso le duele la desmemoría y el desinterés político de los jóvenes: "En las escuelas no se ha explicado qué fue una dictadura ni lo que costó conseguir una democracia".

Belmonte cree que la falta de conciencia histórica está en la raíz de muchos males contemporáneos. "La juventud de hoy no tiene la preparación ni la implicación política de antaño", lamenta. Pero no culpa a los jóvenes. "El problema es que los padres les hemos acomodado. Les hemos dado todo lo que nosotros no tuvimos". A su juicio, esta sobreprotección bienintencionada ha creado generaciones que "no luchan contra las injusticias porque no las han vivido".

A su juicio, el discurso que enfrenta a jóvenes y mayores es "una trampa". Rechaza la idea de que las pensiones sean un privilegio injusto frente a los salarios precarios de quienes se incorporan al mercado laboral. "Las pensiones no nos las han regalado. Hemos cotizado toda una vida", recuerda. Y concluye con la claridad de quien no teme decir el obvio: "No se trata de sacarle a lo grande para darle al joven. Se trata de que los jóvenes reivindiquen lo suyo, como hicimos nosotros".
Belmonte identifica el edadismo como una de las nuevas formas de desprecio social. "Algunos dicen que los viejos cobran demasiado. Esto es hablar desde la ignorancia". Pero no lo dice con amargura: cree que la gente mayor debe seguir siendo útil. Participa en la Federación de Jubilados de Cataluña (FATEC) y asesora a la Unión Comarcal de UGT de Hospitalet. "Queremos participar, no ser decorado", repite, convencido de que la experiencia es también una forma de capital social.

Tampoco huye de hablar de política. "Los extremos, tanto de derecha como de izquierda, siempre son malos", sostiene. Y advierte que las redes sociales han envenenado el debate público: "Sólo hay insultos por insultos, sin lógica alguna". Los radicalismos, añade, "se aprovechan de los problemas reales de la gente, como la vivienda o los bajos salarios". Lo dice con tono de advertencia: "La democracia tiene sus carencias, pero no debemos olvidar qué significa perderla".

La muerte da coraje

Con más de ochenta años, Belmonte no habla de la vejez como un final, sino como una transición. "No sé si es miedo, pero sí creo que ya estoy en vía de salida", admite. Habla de la muerte con una serenidad inquietante, con el mismo sentido de responsabilidad con el que ha vivido. "Quiero hacer mi testamento vital y me inquieta pensar en el deterioro físico".

Sin embargo, no todo es resignación. "Hay momentos en los que haces proyectos, excursiones, actividades, y no piensas en la muerte, quieres seguir haciendo cosas". Este deseo de mantenerse activo es su forma de envejecer. Lo resume con naturalidad: "No se trata de nostalgia: me he adaptado siempre a los tiempos".

También es consciente de las limitaciones familiares y sociales que corresponden a la responsabilidad de cuidar a las personas mayores más vulnerables. "Los hijos no pueden atendernos al cien por cien. No es que no quieran, es que no pueden", reconoce. Por eso defiende un nuevo modelo de atención: "Hay que crear residencias de verdad, no almacenes de personas".

El sentido de continuar

Cuando se le pregunta qué haría si fuera presidente, responde sin vacilar: "Miraría de favorecer a la gente más vulnerable y más desvalida". Lo dice sin eslóganes. Su discurso está hecho de sentido común y memoria. Critica que a los mayores se les expulse del mercado laboral con cincuenta años y a los jóvenes se les exija experiencia. "No tiene ningún sentido que a unos no les contraten por viejos ya otros por inexpertos". Propone un espacio intergeneracional en las empresas, donde la experiencia y la energía se complementen.

Sobre el futuro, mantiene un realismo casi socrático: "La vida, cuando te toque, te toque". Rechaza la idea de la inmortalidad: "Lo de cambiar órganos como si fuéramos muñecos no es vida", y defiende un envejecimiento activo y natural. En su filosofía, vivir no es alargar la existencia, sino darle sentido.
Cayetano Belmonte en la época de los 60
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Una herida que no se borra

Antes de convertirse en sindicalista y activista social, Cayetano Belmonte conoció el dolor de cerca. Cuando realizaba el servicio militar, sufrió un grave accidente de tráfico en el que murió la joven con la que salía. Él estuvo meses hospitalizado y en coma, y ​​ese episodio cambió su forma de entender la vida. «Fue una dificultad muy grande; estuve ingresado y me costó mucho superarlo», recuerda. Poco tiempo después perdió también a su madre, enferma de cáncer, lo que acentuó el sentimiento de “culpa”. Con los años, reconoce que ese doble golpe le hizo más empático y combativo. "Lo superé con el tiempo, pero me marcó", explica. Quizá por eso, dice, nunca ha dejado de luchar por la vida de los demás, como si cada causa fuera también una forma de redimir la suya propia.

Los bancos y la brecha digital

Uno de los frentes más recientes que Cayetano Belmonte ha liderado es el de la brecha digital y el trato de los bancos hacia las personas mayores. "No puede que los bancos no expliquen nada a la gente ni tengan un horario para atendernos", denuncia. Ante esta situación, logró reunir a representantes de diversas entidades con la ayuda del Ayuntamiento. “Conseguimos que al menos dos bancos, la Caixa y Cajamar, establecieran un horario de tarde para las personas mayores, de tres y media a seis”, explica. No todos los bancos se sumaron, pero considera que fue "un paso importante". Belmonte defiende que "no es lo mismo que cada casal reclame por su cuenta, que ir todos unidos con una sola voz". Su lucha no es sólo por poder hacer gestiones, sino por reclamar respeto y dignidad: “A la gente mayor nos tienen que mirar en la cara, no en la pantalla”.
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