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Carme Cols y Pitu Fernàndez, profesores jubilados y promotores de los espacios exteriores en las escuelas: "Hemos querido que la educación no sea un espacio para enriquecerse, sino para mejorar la comunidad"


Img Carme Cols y Pitu Fernàndez, profesores jubilados y promotores de los espacios exteriores en las escuelas:
Patricia Romero
16 Enero 2026
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En una generación marcada por la posguerra, la migración interna y las desigualdades de género, Carme Cols y Pitu Fernàndez, maestros y referentes pedagógicos, explican cómo contribuyeron a transformar la educación catalana durante más de cuatro décadas. Ambos reivindican un pasado de lucha colectiva, innovación y compromiso social que, según explican, todavía hoy sigue interpelándonos.

Carme lo resume con una frase que es casi una declaración vital: "Todo lo que hemos vivido lo hemos hecho con mucha ilusión; por eso no tenemos nostalgia." Ambos trabajaban con la generación del "baby-boom", "moviéndose barrio a barrio, piel a piel, para llegar a todo el mundo", dice Carme. Era el cambio del franquismo a la democracia y todo debía construirse desde cero. "Había puertas que se cerraban y puertas que se abrían", recuerda ella, "pero éramos tan atrevidos e insistentes que hoy en día llevamos en la piel el recuerdo de aquellos años de lucha".

Pitu lo contextualiza en la fuerza del movimiento pedagógico: los años setenta fueron clave. Las escuelas de verano de Rosa Sensat congregaban a miles de maestros de toda España. "Allí descubrimos la historia educativa de Cataluña, leímos, viajamos y empezamos a cuestionarnos todo". Esa experiencia les permitió construir una metodología propia y aplicarla a las familias y comunidades con las que trabajaban.

"No había prohibiciones, había participación y hacíamos cosas muy atrevidas para conectar con la gente" afirma Cols, que reconoce que este espíritu colectivo se ha debilitado: "Antes las personas se implicaban mucho; ahora hay miedo". Considera que la actual generación ha perdido la cohesión y la fuerza movilizadora que habían caracterizado las primeras luchas.
Imagen de Pitu y Carme en 1970
Imagen de Pitu y Carme en 1970

La influencia italiana en las escuelas catalanas

La pareja recuerda también la influencia del pedagogo Loris Malaguzzi, un psicólogo educativo italiano que creó el modelo educativo Reggio Emilia. En 1980, realizó una exposición en Barcelona, ​​llamada “L'occhio se salta il muro”, para explicar en qué se basaba este modelo, el cual buscaba defender una educación que fomente la creatividad y curiosidad innata de los niños para desarrollar su potencial. Carme Cols trabajó de la mano del psicólogo, ya raíz de esto empezó a interesarse por la importancia de los elementos naturales en la educación. A finales de los ochenta, Carme, recibió el Premio Ciutat de Barcelona.
 

Los espacios exteriores como base de la educación

Carme siempre ha tenido mucha inclinación por los espacios naturales, y acumuló una experiencia muy importante. Se especializó en la tarea e hizo muchos cursos como formadora para maestros sobre la importancia de estos elementos en la guardería. Todo esto es la raíz del trabajo que en el momento de su jubilación empezó a surgir sobre los espacios exteriores de las escuelas.
En ese momento, la gente les pedía que escribieran un libro para dar a conocer lo que estaban haciendo. Fue cuando Pitu Fernández vio una oportunidad mucho mejor para expandir su conocimiento: crear la página web “El Nou Lavadero”. También se formó en un centro de recursos pedagógicos para especializarse en temas de tecnología educativa. Gracias a esta página web que iniciaron, lograron movilizar el movimiento de educación infantil de principios del siglo XXI en toda España.

Movilización en toda España

La pareja ha sabido ver los espacios exteriores de las escuelas y cómo éstos pueden ser habitables de otra forma: “Queremos compartir la inquietud de repensar los espacios exteriores con el deseo de crear entornos naturales de salud y bienestar”, explican en su blog.
Al jubilarse, decidieron seguir trabajando de forma voluntaria, asesorando escuelas y viajando por España para incorporar criterios de habitabilidad, naturaleza y comunidad en los entornos escolares. "Nosotros hemos querido que la educación no sea un espacio para enriquecerse, sino para mejorar la comunidad", resumen.

Fortalezas en medio de la rigidez

Pitu dice que "la escuela es un sistema tan rígido, que cuesta mucho dar pasos adelante". Lo que se hace siempre se pone en entredicho. Sin embargo, destaca dos cosas importantes que está haciendo la escuela en Cataluña: la primera es el trabajo de la lengua catalana, porque todas las escuelas enseñan con el método de inmersión lingüística y, por tanto, todos los niños trabajan el catalán en las aulas. Considera que la escuela es un elemento fundamental para mantener la salud de la lengua catalana. Y el segundo aspecto importante, es la acogida tan potente que están haciendo las escuelas con toda la inmigración que ha habido en los últimos años. Sin este colectivo de gente, nos habríamos quedado muy atrasados ​​en el sistema educativo.

Intergeneracionalidad como camino de futuro

También la pareja cuestiona la forma en que la sociedad trata a las personas mayores. "No estamos de acuerdo con las actividades pensadas sólo para la gente mayor", dice Carme. Apuestan por proyectos intergeneracionales donde pequeños, jóvenes y mayores compartan vida y aprendizajes. Por tanto, rechazan residencias que infantilizan o despersonalizan. Cuando más discriminados se sienten, es cuando los diferencian de los demás por ser mayores. Afirman que las personas mayores son capaces de adaptarse a las tecnologías y que es necesario luchar contra esta mirada que les hace pequeños. Continuando con este proyecto intergeneracional, destacan la importancia de “dar paso a las nuevas generaciones”. Es fundamental que la experiencia de la gente mayor esté presente en los caminos de la gente joven, para aconsejarles y acompañarles, pero hay que dejarles equivocarse para que puedan aprender, añaden. Destacan el papel del sabio y creen que deben saber escuchar a los jóvenes, y de esta forma, dar paso a los que llegan.
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Cuando la vocación se convierte en cambio social

Carme Cols, nacida en el Bages en 1948 y su marido, Pitu Fernández, de Cornellà y nacido en 1950, forman una de las parejas pedagógicas más influyentes del Baix Llobregat.
Ella, maestra, siempre ha tenido esta vocación por enseñar a los niños. De joven, antes de ejercer su labor como maestro en escuelas, empezó a ir al esparcimiento, donde gracias al trato con los niños y niñas de allí, se dio cuenta de lo que realmente le apasionaba. A finales de los años ochenta, recibió el premio Ciutat de Barcelona.

Carme destacó por la introducción de los elementos naturales en los espacios escolares. Comenzó a hacer cursos como formadora para maestros sobre la importancia de estos elementos en la guardería.
Pitu, maestro y especialista en tecnología educativa, cuando tenía entre dieciséis y diecisiete años, se organizó con sus compañeros de adolescencia en un centro social dirigido por unos curas que eran muy revolucionarios. Él empezó tocando la guitarra en las misas, y más tarde, creó su propio grupo de folk. Todo este ambiente conectó con la lucha del movimiento obrero y social de su barrio de Almeda a principios de los años setenta, cuando ya empezaban a temblar los cimientos del franquismo.

Al volver de la mili, el primer trabajo que encontró fue de maestro, nunca lo había probado, pero su cariño por los niños hizo que se enganchen a esta profesión. Se formó en un centro de recursos pedagógicos, donde se especializó en temas de tecnología educativa. Gracias a ello, ambos pudieron dar paso a su página web "El nuevo lavadero", para conseguir movilizar el movimiento de la educación infantil. De principios del siglo XXI y por “compartir la inquietud de repensar sus espacios exteriores con el deseo de crear entornos naturales de salud y bienestar”, según explican en el propio blog.
Fotografía de Pitu y Carme en 2025

Transformar espacios para cambiar infancias

La trayectoria de Carme y Pitu demuestra que la educación no es sólo un contenido curricular, sino un ecosistema de relaciones, espacios y comunidad. Su apuesta por los entornos naturales. Reivindican que los espacios exteriores pueden transformar la forma de aprender y convivir, y que la presencia de la naturaleza es clave en el bienestar infantil, por ejemplo, haciendo huertos en los patios de las escuelas. También defienden que la vejez nunca debe ser motivo de segregación: “no estamos de acuerdo con la metodología de realizar actividades sólo para las personas mayores”, afirma Cols, porque, argumenta que la coexistencia entre niños y personas mayores genera aprendizajes, autoestima y comunidad. Por eso, rechazan modelos que infantilizan a las personas mayores y apuestan por espacios donde todas las edades compartan vida. Como profesionales de la educación, también destacan la importancia de dar paso al mundo laboral a las nuevas generaciones que lleguen. "Un gran sabio siempre sabe escuchar a los jóvenes, y sabe dejar que se equivoquen", aseguran. La experiencia de los mayores puede hacer un acompañamiento, incluso llegando a aconsejar, pero nunca deben construir su propio camino.
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