La expulsión de las personas mayores y la precarización de los jóvenes
Antonio García Fernández dibuja un panorama laboral marcado por un desequilibrio estructural que castiga simultáneamente a dos generaciones. Desde su experiencia sindical, sostiene que el mercado de trabajo actual funciona con una lógica implacable: “se expulsa a los trabajadores mayores porque son caros y se contrata a jóvenes mal pagados”. No se trata, a su juicio, de una casualidad ni de un fenómeno puntual, sino de una estrategia empresarial asumida como normalidad.
García insiste en que la edad se ha convertido en un factor de exclusión laboral, especialmente en los tramos previos a la jubilación. “Una persona mayor que pierde su empleo antes de jubilarse tiene muchísimas dificultades para volver a encontrar trabajo”, explica, señalando una etapa vital en la que el sistema deja de ofrecer segundas oportunidades. Esta expulsión no sólo afecta a las personas, sino también a las propias empresas, ya que "la experiencia se desprecia, aunque sea clave para la productividad de la empresa".
El sindicalista subraya que el problema no es la incorporación de jóvenes, sino la ausencia de equilibrio generacional. "Tiene tanto derecho a una persona mayor a trabajar hasta su edad de jubilación como a un joven a entrar y aprender. Lo que falta es equilibrio", afirma. Sin embargo, la práctica habitual es otra: "las empresas despiden a una persona mayor porque cobra más y, con este dinero, contratan a dos o tres jóvenes, aunque esto perjudique la calidad del trabajo".
Esta lógica tiene consecuencias a largo plazo. La precarización juvenil impide cotizar de forma estable y compromete el futuro del sistema. Por eso advierte que "si no cotizan cuando son jóvenes, después no tendrán derecho a una jubilación digna". En su análisis, la frase que resume el problema es contundente: “el sistema perjudica a las personas mayores porque son caras y los jóvenes porque son baratos”.