La llegada de esta nueva revolución tecnológica exige, por tanto, un nuevo contrato social. Costas sitúa en el centro un objetivo: crear buenos empleos y utilizar la inteligencia artificial para mejorar las capacidades de las personas en lugar de limitarse a sustituirlas, anularlas o incapacitarlas incluso. Un ejemplo sería el uso de la IA en las aulas, como enemiga y técnica de plagio o como herramienta para extraer y mejorar las capacidades individuales de cada estudiante, como es el caso del estudio dual.
Para la construcción de este nuevo pacto o contrato trata Antón Costas cuatro puntos principales, centrándose más en el corto plazo, que en el largo plazo. El doctor en Economía propone educar y formar a empresarios, emprendedores y desarrolladores para crear aplicaciones que complementen el trabajo humano y mejoren las capacidades humanas.
También aconseja revisar los incentivos fiscales que pueden favorecer la sustitución de trabajadores, orientando la financiación pública hacia tecnologías beneficiosas para la sociedad, dándole la importancia que realmente tiene a la mano de obra y no tratar de sustituirla.
Y también orientar financiación gubernamental al desarrollo de aplicaciones beneficiosas y al mismo tiempo, preparar a los propios empleados para trabajar con herramientas de inteligencia artificial. Además de empoderar y mejorar las capacidades de trabajadores que pueden utilizar agentes de IA como ayuda, herramienta y forma de disparar exponencialmente la mejora de la capacidad de aquel trabajador o empleado.