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Opinión

Amor y sexo en las personas mayores


Img Amor y sexo en las personas mayores
Josep Moya
21 Febrero 2026
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Margarita y Pedro son pareja. Son muy conocidos en su barrio de una población del Baix Llobregat. Cada tarde de verano salen a la calle y conversan con sus vecinas. Tienen una relación armoniosa, se muestran felices. Hasta aquí no hay nada particular salvo la costumbre, en proceso de extinción, de conversar con la gente del barrio. Pero hay otra particularidad: Margarita tiene 90 años, y Pedro tiene 55, es decir, ella casi le doble la edad. ¡Qué escándalo!. Ellos dos rompen estereotipos: La sociedad contemporánea puede aceptar que un anciano tenga una relación amorosa con una mujer mucho más joven, pero ¿qué ocurre cuando ella es mayor que él? Margarita no parece demasiado preocupada por lo que puedan decir o pensar los demás, es más, no se esconde decir abiertamente que él no sólo la cuida sino que “yo, lo que quiero es un hombre, con todo lo que esto significa”, y ante esta afirmación todo el mundo entiende lo que quiere decir.

Cito este ejemplo para señalar que el amor no tiene edad y el sexo tampoco. Por lo general, la sociedad no mira mal que dos personas mayores se quieran, pero otra cosa es que se deseen sexualmente. A menudo, suele asociarse culturalmente el deseo sexual con la etapa juvenil y adulta pero, en cambio, se considera una anomalía cuando se trata de personas mayores de 60 o 70 años. Aquella expresión castellana de viejo verde es un indicio claro del rechazo que despierta la sexualidad de las personas mayores. Pienso que, en parte, que se rechace la sexualidad en la senescencia es el reflejo del rechazo del envejecimiento en su globalidad. Nuestra sociedad ensalza la juventud y la belleza del cuerpo. Los mensajes de la publicidad son claros: cada producto es anunciado por una persona joven, predominantemente mujer, a ser posible, sensual. En cambio, las personas mayores son mostradas en raras ocasiones y, en general, para indicarnos que "nos deben cuidar". Es un síntoma más del edadismo global que condiciona nuestras vidas. De hecho, los mensajes dirigidos a los mayores tienen un común denominador: alargar a la juventud, evitar los efectos del paso de los años. Puesto que el declinar biológico es inexorable es necesario emplear todos los medios necesarios para retrasarlo; de ahí la profusión de productos cosméticos y de las clínicas de cirugía estética.

En este contexto cabe señalar un aspecto que considero muy relevante: ¿Cómo afecta el paso del tiempo al comportamiento sexual? Como ha escrito el gerontólogo Josep Maria Fericgla, si bien resulta obvio que las progresivas e irreversibles transformaciones biológicas correspondientes al proceso de envejecimiento afectan al comportamiento sexual de forma directa (falta de estimulación, eyaculación más rápida en los hombres, lubricación más lenta y deficiente en las mujeres) o de forma indirecta (falta de indirecta) estado ampliamente verificada la permanencia de la vitalidad fisiológica de la pulsión sexual hasta la muerte. Dicho con otras palabras: la aparente ausencia de actividad sexual entre las personas mayores se debe a la influencia social y cultural que afecta a su autoimagen, al papel que deben adoptar ya la represión explícita que desempeña la cultura sobre la sexualidad activa de los ancianos.

Digámoslo alto y claro: una persona mayor puede enamorarse, incluso puede rehacer su vida amorosa, como es el caso de Manel (nombre ficticio), un hombre de 78 años, que en la consulta me explicó que se había vuelto a enamorar y que aquello le hacía sentir muy feliz. Ciertamente, su expresión había cambiado considerablemente. Pero Manolo no sólo habló de su amor por una mujer que había conocido en un viaje, sino que añadió que tenían relaciones íntimas con una frecuencia semanal y que habían decidido vivir en pareja.

Ejemplos como los de Margarita o Manel nos indican que las personas mayores tienen el mismo derecho a disfrutar de la sexualidad como cualquier otro ciudadano, independientemente de su edad. Es necesario extender la lucha contra el edadismo también en el campo de las relaciones sexuales.

Josep Moya, psiquiatra consultor del Servicio Especializado de Atención a las Personas (SEAP)

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