Pasar muchas horas frente al ordenador
Otro caso es el de María, una mujer de 82 años. Recientemente la visité en su domicilio, ya que tiene serios problemas de movilidad. Durante la entrevista le pregunté qué tipo de actividades realizaba habitualmente. Me respondió que pasaba muchas horas delante de su ordenador. Lo que más le interesaba era consultar páginas web sobre temas de historia del Antiguo Egipto: “Miro cosas sobre los faraones, sí, miro aquello del río Negro, sí, cuando los judíos se fueron de Egipto”. Al mostrar mi extrañeza —calculada— sobre el río Negro, ella comenzó a hacer intensos esfuerzos para recordar y, al cabo de unos minutos, exclamó: “¡No, es rojo!”. La ayudé y le propuse que probablemente se refería al Mar Rojo. María sonrió y mostró una sensación de alivio. Por fin había podido recordar correctamente.
En este caso hay que especificar que María estaba tomando Lorazepam de manera regular desde hacía más de un año; en consecuencia, una de mis primeras decisiones fue retirar progresivamente un fármaco que provoca deterioros cognitivos importantes.
Finalmente, un tercer caso es el de Manuel, un hombre de 84 años que vive en una residencia geriátrica. Manuel es argentino y hace unos meses que vive en Barcelona. Padece un deterioro cognitivo que le dificulta la realización de las tareas cotidianas. Pero lo más relevante, lo que más le hace sufrir, es la soledad. En la residencia lo cuidan muy bien, pero él siente añoranza de su querida Patagonia. Además, es consciente de sus dificultades de memoria y eso agrava su sufrimiento. Para intentar paliar este sufrimiento he indicado todo un conjunto de estrategias dirigidas a potenciar los recuerdos de su vida juvenil, allí, en la Patagonia, cuando él pasaba largas temporadas viajando por aquellas tierras: “Barcelona me gusta pero siento nostalgia de Argentina”.
Es cierto que cuando la demencia se encuentra en un estado avanzado el paciente no es consciente de sus déficits, pero antes de llegar a ese estado pasa mucho tiempo, en el que el sufrimiento está garantizado, tanto para el enfermo como para su familia.
Una buena praxis asistencial debe cuidar mucho también el sufrimiento que se produce en estos periodos iniciales de las demencias. El apoyo psicológico y un buen acompañamiento son elementos de gran peso en el conjunto de los cuidados.