Un territorio que mantiene vivo el espacio de participación
En un contexto en el que las prioridades cambian a menudo con las legislaturas, el Baix Llobregat ha mantenido vivo un espacio de participación feminista durante casi un cuarto de siglo. Esta continuidad no es un detalle: es una decisión política. Supone destinar recursos, tiempo institucional y confianza en la capacidad de la ciudadanía para proponer y transformar.
Otros territorios también han organizado congresos de mujeres, como Barcelona en 1999 y 2009, o iniciativas de gran alcance como el Congreso Andaluz de Coeducación. Pero pocos han conseguido combinar, como el Baix Llobregat, una trayectoria tan larga, una dimensión comarcal y una metodología que llegue hasta el último municipio.
El 7.º Congreso ha comenzado mucho antes de este fin de semana. Entre marzo y septiembre, 35 subsedes han extendido el debate feminista por toda la comarca, con cerca de 1.000 personas participantes y 48 ponentes. Estos encuentros han permitido hablar de precariedad laboral, cuidados, salud, violencias machistas y digitales, edadismo, racismo, formación y emprendimiento.
Esta fase es clave porque evita que el Congreso se convierta en un espacio cerrado de expertas y cargos públicos. Las subsedes llevan al debate las experiencias de las mujeres que viven las desigualdades cada día: en los barrios, en los pueblos, en las asociaciones, en los puestos de trabajo y en las redes.
Ahora, en Sant Joan Despí, 445 personas participarán en las comisiones de trabajo, acompañadas por 16 expertas en seis ámbitos temáticos. Entre las dos fases, el proceso acumula cerca de 1.445 participaciones. Más allá de las cifras, esto demuestra que el Baix Llobregat es una comarca que se moviliza y que cree en la participación como herramienta de transformación política.