Proceso totalmente automatizado
Tanto el proceso biológico como el industrial de Dapibus está automatizado, de modo que se puede escalar y llegar a construir plantas mucho más grandes “que permitan rebajar costes, ser más eficientes y competitivos”, apunta el CEO de la compañía. La incorporación de herramientas avanzadas como el análisis de datos, inteligencia artificial, biología y un control preciso de parámetros ha permitido optimizar el engorde de las larvas y mejorar la calidad de los productos obtenidos. Además, aspiran diferenciarse con productos de mejor calidad y vías de negocio más cualitativas. Para lograrlo, colaboran con centros de I+D como el Barcelona Supercomputing Center, la Universidad Francisco Vitoria y el IQS con el objetivo de obtener aplicaciones veterinarias, en cosmética y el sector farmacéutico.
Segura añade que con la planta de Abrera, que ahora trabaja al máximo rendimiento en un solo turno, pero que se puede ampliar hasta completar cinco turnos, “no solo avanzamos en la producción de proteínas alternativas de manera más eficiente, sino que lideramos una transformación hacia un modelo industrial más sostenible. Este centro -añade- demuestra cómo la innovación puede ser la respuesta a los retos medioambientales, cerrando el ciclo de los residuos y ofreciendo soluciones que contribuyen a un futuro más responsable”.
Las abejas son unos insectos esenciales para la alimentación humana. Más allá de la producción de miel, su trabajo polinizador resulta infinitamente mayor por su contribución a los cultivos agrícolas. Aunque económicamente resulte invisible, Greenpeace calcula que la aportación de las abejas a la humanidad supone un impacto de unos 265.000 millones de euros anuales en el mundo. Otros insectos, como la larva Black Soldier Fly, también “trabajan” en Abrera en la transformación industrial de residuos alimenticios.