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Opinión

175 años defendiendo el futuro del campo


Img 175 años defendiendo el futuro del campo
Baldiri Ros
03 Noviembre 2026
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Cumplir 175 años de historia es una oportunidad para recordar de dónde venimos, pero, sobre todo, para reflexionar sobre cómo debemos actuar y anticiparnos al futuro. El Institut Agrícola Català de Sant Isidre nació en 1851, en una Cataluña que comenzaba a experimentar las grandes transformaciones de la industrialización, de la mano de un grupo de propietarios que comprendieron que el progreso económico necesitaba una agricultura moderna, productiva y capaz de incorporar conocimiento y capital. Desde entonces, nuestra institución ha acompañado las profundas transformaciones del sector agroalimentario, defendiendo unos principios que siguen siendo plenamente actuales: la propiedad privada, la libertad de empresa, la iniciativa individual y la apertura comercial.

Ciento setenta y cinco años después, Cataluña, España y Europa se encuentran ante una transformación económica, tecnológica y geopolítica de enorme profundidad. Las cadenas internacionales de suministro han demostrado su vulnerabilidad; la seguridad alimentaria ha recuperado su carácter estratégico (lo que nosotros denominamos de manera más precisa “soberanía productiva agroalimentaria”); el cambio climático, la disponibilidad de agua y los riesgos sanitarios condicionan cada vez más la producción; y las nuevas tecnologías están modificando aceleradamente la manera de producir, transformar y comercializar alimentos. A todo ello se añade una creciente presión regulatoria que amenaza la competitividad.
Las movilizaciones de pagesos no cesan, ahora por el encarecimiento del combustible y fertilizantes, entre otros
Las movilizaciones de pagesos no cesan, ahora por el encarecimiento del combustible y fertilizantes, entre otros

Defensa de nuestra agricultura frente a los desafíos actuales

Ante estos desafíos, desde el Institut defendemos una convicción fundamental: la agricultura, la ganadería, la actividad forestal y la industria agroalimentaria son actividades económicas que necesitan rentabilidad, inversión y libertad empresarial para prosperar. Tienen características singulares, indudablemente, pero no por ello deben quedar sometidas a una tutela administrativa y de sus tradicionales grupos de presión de manera permanente. Somos empresarios que asumimos riesgos, creamos empleo, incorporamos tecnología y generamos riqueza en el territorio.

La defensa de la propiedad privada constituye otro de nuestros principios irrenunciables. La tierra no es únicamente un recurso productivo. Representa patrimonio, arraigo y el compromiso de varias generaciones. La seguridad jurídica es indispensable para invertir, modernizar las explotaciones y gestionar responsablemente los recursos naturales. No existe contradicción entre proteger el medio ambiente y garantizar los derechos de quienes viven y trabajan sobre el territorio. Al contrario, sin seguridad jurídica y expectativas razonables de rentabilidad, difícilmente habrá inversiones sostenibles a largo plazo.
Las lluvias anegan los campos del Baix Llobregat, como se aprecia en la imagen
Las lluvias anegan los campos del Baix Llobregat, como se aprecia en la imagen

Por una mayor eficiencia hídrica

Esta cuestión resulta especialmente relevante ante las políticas ambientales europeas y las decisiones que se toman tanto a nivel nacional como autonómico. Compartimos los objetivos de sostenibilidad, descarbonización y conservación de la biodiversidad, pero rechazamos que se persigan mediante restricciones desproporcionadas, obligaciones difíciles de cumplir o procedimientos administrativos interminables. No puede exigirse mayor eficiencia hídrica sin facilitar infraestructuras e inversiones; ni reclamarse una gestión forestal activa mientras se obstaculizan las actividades económicas que la hacen posible. La sostenibilidad ambiental necesita sostenibilidad económica. Y ambas requieren contar con quienes conocen, gestionan y mantienen el territorio que no son otros que los empresarios agroalimentarios.

Europa debe recuperar la competitividad como prioridad de su política agraria. Trabajamos en estos meses para que la nueva PAC fomente la productividad, la innovación y el relevo generacional, en lugar de convertirse en un entramado de cargas burocráticas. La simplificación administrativa, la estabilidad regulatoria y el acceso a financiación son tan importantes como los instrumentos de apoyo público. Necesitamos menos obstáculos para producir y mejores condiciones para invertir.

También debemos defender una Europa abierta al comercio internacional. El sector agroalimentario catalán ha demostrado una extraordinaria capacidad para competir en los mercados exteriores. El proteccionismo no ofrece ninguna solución a nuestros desafíos. Sin embargo, la apertura debe acompañarse de reglas claras y condiciones de competencia equilibradas, evitando que las exigencias impuestas a nuestros productores los sitúen en desventaja frente a sus competidores internacionales. La seguridad alimentaria europea no depende de cerrar fronteras, sino de mantener una sólida capacidad productiva, diversificar suministros y fortalecer nuestras empresas.
 Collage de distintos productores del Parc Agrari del Baix Llobregat
Collage de distintos productores del Parc Agrari del Baix Llobregat

El relevo generacional, el mayor desafío

Quizá el desafío más decisivo sea el relevo generacional. La agricultura europea envejece y demasiados jóvenes encuentran dificultades para acceder a la tierra, a la financiación o para desarrollar proyectos empresariales viables. Sin rentabilidad, sin expectativas de progreso y sin reconocimiento social, será imposible asegurar la continuidad de muchas explotaciones. Necesitamos hacer del campo una oportunidad profesional atractiva, vinculada a la innovación, la tecnología y el emprendimiento, y no una actividad condenada a sobrevivir gracias a las ayudas públicas.

Desde el Institut queremos contribuir activamente a esta transformación. Lo hacemos desde nuestra independencia, nuestra vocación de diálogo y nuestra disposición a colaborar con las administraciones, pero también desde la firmeza en la defensa de nuestros principios. Reivindicamos políticas públicas que acompañen, en lugar de sustituir, la iniciativa privada; que faciliten la inversión en vez de obstaculizarla; y que reconozcan el valor económico y social de quienes mantienen productivo nuestro territorio.

Nuestros fundadores no crearon esta institución para preservar inmóvil una realidad heredada, sino para modernizarla. Esa sigue siendo nuestra responsabilidad. No queremos un campo que simplemente sobreviva, sino un sector agroalimentario que prospere, compita, innove y genere oportunidades para las próximas generaciones.

Celebrar 175 años significa renovar ese compromiso. Seguimos creyendo en la propiedad, en la empresa, en la libertad y en el conocimiento como motores del progreso. Y seguimos convencidos de que Cataluña, España y Europa necesitan un sector agroalimentario fuerte, competitivo y abierto al mundo. Defenderlo es nuestra razón de ser y seguirá siendo nuestra tarea en los años que vienen.
Baldiri Ros es presidente del Institut Agrícola Català Sant Isidre
Baldiri Ros es presidente del Institut Agrícola Català Sant Isidre
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