Vínculo emocional con Ferran Adrià
La presencia de Adrià dará a la cumbre una dimensión simbólica especial. Ese mismo martes, a partir de las 12 horas, Castelldefels le rendirá homenaje con la colocación de una estrella conmemorativa en la plaza de las Palmeras, en el paseo marítimo. El acto contará con la participación del alcalde de Castelldefels, Manu Reyes; el presidente del Gremio de Hostelería de Castelldefels, Manuel Ángel Ortiz; el promotor de Castelldefels Capital Gastronómica, Jordi Tresserras; y el propio Ferran Adrià. También asistirán 16 chefs internacionales vinculados a la iniciativa Food Capitals.
El reconocimiento tiene una carga emocional evidente para la ciudad. Antes de convertirse en una figura universal de la gastronomía contemporánea, Ferran Adrià inició su relación con la restauración en Castelldefels. Lo hizo en 1979, con solo 17 años, trabajando como lavaplatos en el restaurante del Hotel Playafels, hoy Embarcadero. Aquel empleo, al que llegó sin vocación culinaria y con la intención de ganar dinero para financiarse un verano en Ibiza, acabó marcando el inicio de una trayectoria que revolucionaría la cocina mundial.
El vínculo entre Adrià y Castelldefels se remonta a una historia familiar y casi accidental. Su padre, Ginés Adrià, mantenía amistad con Miquel Moy, jefe de cocina del restaurante del Hotel Playafels, entonces especializado en celebraciones familiares. Ferran Adrià empezó lavando platos y ollas, sin formación profesional y sin una especial inclinación por la cocina. Sin embargo, fue en aquel ambiente de fogones, esfuerzo y vida de restaurante donde descubrió una profesión que acabaría transformando desde la creatividad, la técnica y la innovación.